El anuncio se encontraba pegado en una cabina telefónica, detrás de la salida de metro de La Latina. En él David, español, soltero (asumo), licenciado y de veintinueve años, se ofrecía a cuidar tu perro durante el periodo estival de forma altruísta. Ofrecía para la mascota su terraza de cuarenta y seis metros cuadrados en un ático del centro de Madrid. Prometía devolverla, una vez hubieses vuelto de tus vacaciones, aseada y debidamente alimentada. Aseguraba también que tras la estancia en su terraza palaciega, la mascota seguiría queriéndote más a ti que a él. A mí David me recordó un poco a mi prima, y a su fijación enfermiza de cuidar gatos leucémicos en la buhardilla de su piso, en la plaza de Tirso de Molina. Al fin y al cabo los animales estaban destinados a irse, aunque con un poco de suerte imagino que David volvería a verlos al verano siguiente.
miércoles 23 de julio de 2008
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1 comentarios:
Una idea genial la del chico. Es una pena ver la cantidad de mascotas domésticas que se abandonan cada año porque resultan un "estorbo" para pasar las vacaciones a gusto.
Un saludo,
Sara.
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